Sueño 01, Sábado 9 de Junio del 2012
Cookie.
Me situaba en una sala de espera de un hospital. Los cristales estaban rotos y las sillas esparcidas a lo largo de todo el pasillo que dirigía hacia las habitaciones. En frente de un montón de sillas, había una puerta que dirigía al exterior. Parecía una especie de realidad virtual, como si yo fuera protagonista de un juego de terror de una consola.
Al traspasar la puerta, justo delante de ella, había un pelotón de soldados cubriendo el lugar donde se hallaban desde una barricada formada por una pared no muy grande de piedra y otros materiales. Habían pocos soldados, sólo tres que protegían y los demás cuerpos estaban esparcidos por el suelo, derramando sangre de sus heridas. No pude verlos bien, pero parecían bots que esperaban algo muy obvio para disparar, mantenían sus armas en alto.
Se escondían de algo que había más allá de unas puertas gigantes y deslizantes que habían en frente y se alzaban semitransparentes pegadas a la pared. Aunque era de un hierro grisáceo y azulado, se podía ver lo que había detrás. Al otro lado había un robot o algo similar, amarillo y negro algo desgastado y oxidado que se movía de forma mecánica y de un lado a otro. El robot tenía justo encima de su estructura (Que era redonda completamente, a parte de las piernas que eran metálicas y alargadas), una esfera roja que parpadeaba.
Después el lugar cambiaba de escenario. Estaba yo detrás de uno de esos muros de piedra maciza disparando a la esfera roja parpadeante del robot, cuando iba a ser destruido comenzó a salir humo como si se hubiera provocado un cortocircuito y momentos después, explotó. Cuando miré hacia atrás ya no había soldados y la sangre de los caídos tampoco estaba. Me encontraba de nuevo en otro lugar, arriba de una red de escaleras que cruzaba un distrito hecho de hierro completamente, como si fuera una fábrica vieja o una central nuclear. Se veía el cielo negro y brillante por la luna desde donde yo estaba.
Una vez más, había un robot. El tamaño de éste era absurdo comparado con el del otro, no era más grande que el de una lata de Coca~Cola, pero corría mucho más rápido y era muy difícil dispararle. Este no disparaba, no hacía nada de daño, simplemente corría de mí mientras yo le seguía por la red de escaleras de aquella fábrica. Cuando conseguí destruirlo, desapareció y junto a él yo cambié una vez de lugar. Me encontraba en la cuesta de una puerta de garaje muy grande, detrás mía había una feria que se alzaba con la noria como rey del espectáculo.
Entonces alguien me tocaba el hombro, se sentía tan real como si realmente alguien estuviera haciéndolo. Sentía el picotear de su piel contra la mía, como si realmente el roce se estuviera produciendo, me hallé mirándole y encontrándome con unos ojos preciosos. Era una chica, era bastante baja y llevaba un chaquetón de piel abrochado hasta poco más arriba del cuello, ella me miraba preocupada y me preguntaba que qué me pasaba, yo le respondí casi al momento que nada.
Estábamos con dos personas más y ella me sujetaba la mano, nos íbamos de la feria y salíamos del garaje con tranquilidad. Sentía como si hubiera corrido los 10mil metros lisos, parecía que fuera a derrumbarme allí mismo, pero no lo hice, mi cuerpo se sentía extrañamente ligero.
Me desperté y estaba en una casa muy vieja que olía a humedad, los suelos eran de madera y crujían al ser pisados, parecía como si estuviera cayendo a trozos aquella estructura. Después me encontré con mucha gente, no amigos que conociera en la realidad, pero se sentía como si me hubieran acompañado en silencio toda la vida, parecía que conocían todo de mí. Me miraban expectantes, todos estaban sentados frente a una mesa en unas sillas negras que parecían demasiado cómodas.
Me sonrieron y cuando yo me levanté del sitio donde me encontraba para sentarme en una de aquellas sillas y ver si realmente eran tan cómodas como parecían, me desperté.
Hora: 12:47/aprox. del sábado nueve de junio del 2012.